
Llamado de la Montaña 2026
En enero de 2026, durante siete días intensos de convivencia, diálogo y aprendizaje colectivo, volvió a resonar el Llamado de la Montaña. Este encuentro convoca desde hace 20 años a personas comprometidas con la regeneración ecológica, social y cultural en Colombia, y se realizó nuevamente en la Ecoaldea Atlántida, un lugar que ya forma parte de la memoria viva de este proceso.
No fue la primera vez que este territorio era el lugar sede de este encuentro: Atlántida ya había sido anfitriona en 2008 y nuevamente en 2012, cuando se organizó un gran encuentro iberoamericano. Muchos recordábamos aquel encuentro de enero 2012, que reunió a cerca de 450 participantes provenientes de once países en un diálogo amplio sobre comunidades intencionales, transición cultural y alternativas al modelo dominante de desarrollo.
Volver ahora, más de una década después, permite mirar hacia atrás y preguntarse: ¿qué ha cambiado?, ¿qué hemos aprendido?, ¿qué nuevas preguntas emergen? Con los años, el movimiento de comunidades, ecoaldeas y proyectos regenerativos ha madurado. Las preguntas han cambiado. Los desafíos también.
En este contexto surgió el propósito central del encuentro: explorar una ecosíntesis.
La palabra síntesis proviene del griego y significa reunir las partes en un todo. Eco, derivado de oikos, se refiere a la casa, al hogar compartido. Ecosíntesis, entonces, apunta a un intento de integrar múltiples dimensiones —ecológica, social, económica, cultural y espiritual— para comprender cómo estos pueden converger en procesos de diseño regenerativo eco-social.
Más que producir conclusiones definitivas, el encuentro buscó generar un espacio donde la inteligencia colectiva pudiera desplegarse y donde diferentes experiencias de vida comunitaria, transición territorial y prácticas regenerativas pudieran dialogar entre sí.
Lo que emergió fue más profundo de lo que imaginábamos.

Respirar como comunidad
El ritmo del encuentro fue diseñado como una respiración colectiva: movimiento, pausa, plenaria, servicios amorosos, espacios autogestionados, noches de comunidad. No era una agenda apretada, sino un metabolismo.
Las mañanas de plenaria eran nuestra inhalación consciente. Las tardes de espacio abierto, nuestra exhalación creativa. Las noches —en la maloka, en círculos, en danza o en silencio— eran el corazón latiendo.
Este diseño no fue casual. El equipo de agenda integró marcos como Divergencia–Emergencia–Convergencia, Indagación Apreciativa y prácticas de liderazgo participativo, buscando sostener conversaciones complejas en tiempos de transición .
Para mí, fue un ejemplo práctico de diseño regenerativo aplicado al aprendizaje colectivo: crear contenedores donde la inteligencia del sistema pueda desplegarse.

La dimensión ecológica: escuchar el territorio
Tuve el honor de abrir el día de la dimensión ecológica, compartiendo el marco conceptual de los sistemas anidados: Los sistemas ecológicos contienen a los sistemas sociales; los sistemas sociales crean sistemas económicos.

La economía solo puede ser regenerativa cuando está informada por la ecología. El territorio no es escenario, es actor.
Partiendo de ese marco, emerge una pregunta clave: ¿nuestros proyectos operan desde un modelo transaccional o desde un modelo de reciprocidad? El modelo transaccional mide intercambios. El modelo de reciprocidad reconoce la red, los vínculos y los flujos vivos entre los actores.

Desde la perspectiva del diseño regenerativo, los sistemas humanos no pueden entenderse de manera aislada. La economía, la cultura y la organización social están contenidas dentro de sistemas ecológicos más amplios.
Esta comprensión invita a cambiar la manera en que se conciben los proyectos comunitarios o territoriales. En lugar de imponer modelos externos, el enfoque regenerativo propone escuchar al territorio, comprender sus dinámicas y diseñar a partir de ellas.
Durante el encuentro se compartieron experiencias prácticas relacionadas con:
- bioconstrucción con materiales locales
- manejo ecológico de aguas
- regeneración de suelos
- sistemas de producción agroecológica
- integración de infraestructura humana con ciclos naturales
Dimensión social: aprender a vivir juntos
Si la dimensión ecológica plantea preguntas sobre nuestra relación con la naturaleza, la dimensión social confronta los desafíos de la convivencia humana. Muchos proyectos comunitarios comienzan con una visión inspiradora, pero enfrentan dificultades cuando aparecen conflictos, diferencias de expectativas o tensiones personales.

Durante el encuentro se exploraron distintas prácticas de facilitación de grupos, gobernanza participativa y construcción de confianza. Estas herramientas buscan fortalecer la capacidad de los grupos para atravesar momentos difíciles sin fragmentarse.
Uno de los aprendizajes recurrentes en comunidades intencionales es que los desafíos más profundos no suelen ser técnicos, sino relacionales. La pregunta entonces no es solo cómo diseñar casas, huertos o infraestructuras, sino cómo cultivar culturas de convivencia que puedan sostener la diversidad humana.

En círculos de diálogo, talleres y espacios informales surgieron conversaciones sobre liderazgo, vulnerabilidad, resolución de conflictos y la importancia de la comunicación consciente. La experiencia de muchas comunidades muestra que los procesos colectivos requieren tanto trabajo interior como estructuras organizativas claras.
El taller “Del grupo a la tribu” puso sobre la mesa una verdad incómoda: sin transformación interna y cohesión relacional, ningún proyecto comunitario se sostiene en el tiempo . El “pegamento” no es ideológico, es emocional. El conflicto deja de verse como falla. Se reconoce como parte del aprendizaje colectivo . Esa resignificación es, para mí, uno de los pilares del diseño eco-social: crear culturas donde el error y la diferencia no fragmenten, sino apoyan la evolución del sistema.
En las noches de círculos de palabra —incluyendo el círculo de hombres que facilité— pudimos tocar dimensiones que no suelen aparecer en los reportes formales: La conexión con nosotros mismos, y desde allí hablar y compartir nuestros anhelos, perspectivas, visiones, y mas importante aun: reconocer nuestra fragilidad y honrar nuestra vulnerabilidad.
Dimensión económica: hacia modelos regenerativos
En la dimensión económica exploramos monedas sociales, diversificación productiva y nuevas formas de activación territorial . Sin embargo, el debate fue más profundo que las herramientas.

El modelo económico dominante está basado en la extracción, el crecimiento ilimitado y la externalización de costos ecológicos y sociales. En contraste, los proyectos regenerativos buscan explorar formas económicas alineadas con los ciclos de la vida.
Una pregunta más fundamental emergió: ¿desde qué narrativa estamos operando? Percibimos imaginarios de escasez. Pero también se develan procesos que se dirigen a una “abundancia regenerativa”: La practica constante de convertir residuos en recursos, de articular redes en lugar de competir, de fortalecer estructuras organizativas para sostener procesos a largo plazo.
Durante el encuentro se compartieron experiencias relacionadas con:
- monedas sociales y economías locales
- diversificación de actividades productivas
- emprendimientos regenerativos
- cooperación entre proyectos comunitarios
- creación de redes territoriales de intercambio

Estas iniciativas buscan construir economías que fortalezcan la resiliencia local para reducir progresivamente la dependencia de los mercados globales volátiles. La economía regenerativa no se reduce a mecanismos financieros alternativos. Implica repensar la relación entre producción, consumo, comunidad y territorio.
Si el territorio manda, la economía debe servirle.
Dimensión cultura y visión del mundo: ¿como activar la escucha intergeneracional?
Más allá de las dimensiones ecológica, social y económica, el encuentro también aborda la dimensión cultural y espiritual del cambio civilizatorio. Las comunidades regenerativas no solo proponen nuevas infraestructuras o modelos productivos. También exploran nuevas narrativas culturales.

En la mañana, al inicio de la plenaria, se produjo uno de los momentos más significativos: el Consejo de Jóvenes tomó el centro del círculo e invitó a todos a escuchar cómo viven la juventud hoy: entre sobrecarga de información, presión social y conciencia ambiental… fue un espejo generacional. Los jóvenes expresaron la necesidad de diálogo genuino y acompañamiento, no descalificación.
Para mí, fue una lección de diseño intergeneracional. No basta con “incluir jóvenes”. Hay que rediseñar las conversaciones para permitir, que su voz ayude a reconfigurar el sistema.
La dimensión cultural también enfatizó en una visión biocéntrica y multiespecie: comunidades como ecosistemas vivos, donde humanos y no humanos co-creamos el territorio . Amor, espiritualidad y familia ampliada aparecen como fuerzas estructurales, no decorativas. Reflexionamos sobre temas como:
- cosmovisiones biocéntricas
- relación entre espiritualidad y acción social
- el papel del arte y la cultura en procesos de transición
- la construcción de identidades comunitarias
Diseño integral: ecosíntesis

El último día nos propusimos integrar. Siete proyectos compartieron aprendizajes desde la práctica del diseño integral .Emergen algunos patrones claros:
- El diseño opera en múltiples niveles: persona, proyecto, comunidad, territorio .
- La cooperación es el hilo conductor de los procesos regenerativos .
- La cultura del territorio es punto de partida, no variable secundaria .
- Escuchar lo que emerge es tan importante como planificar .
El concepto de ecosíntesis apareció nuevamente como una metáfora útil para describir este proceso de integración. En lugar de trabajar cada dimensión de manera aislada, propone comprender cómo interactúan entre sí. En la práctica, esto implica reconocer, por ejemplo, que:
- las decisiones económicas afectan a los ecosistemas
- las estructuras sociales influyen en la salud de las comunidades
- las narrativas culturales determinan nuestras relaciones con la naturaleza
Diseño regenerativo eco-social busca trabajar precisamente en ese nivel de las interconexiones. Más que diseñar soluciones aisladas, se trata de crear condiciones para que los sistemas vivos puedan expresar su vocación natural para regenerarse.
Lo que llamamos ecosíntesis no es una conclusión cerrada. Comprende y reconoce, que los procesos eco-sociales están vivos. No podemos controlarlos, pero podemos aprender a danzar con ellos.

Aprendizajes personales

Al cerrar el encuentro me quedó la impresión: el diseño regenerativo eco-social no es una metodología que se aplica; es una práctica que se encarna. Esta práctica incluye:
- Cuidar el cuerpo y la sostenibilidad personal .
- Integrar espiritualidad y acción.
- Sostener la tensión entre visión y realidad.
- Reconocer que el territorio es sujeto.
El Llamado de la Montaña 2026 fue menos un evento y más un espejo. Nos mostró nuestras coherencias y también nuestras incoherencias. Nos recordó que la transición no es lineal, que los ritmos importan y que la inteligencia colectiva solo emerge cuando dejamos espacio para lo inesperado.
Lo que sigue
En las semanas y meses que vienen, un equipo editor estará encargado con la tarea de sintetizar la ecosíntesis: El proceso de ahora 20 años movimiento de ecoaldeas en Colombia, tendrá su muy merecida expresión en un libro, que se está recopilando en estos momentos y donde se documentará parte de lo que compartimos en este encuentro.
El Llamado de la Montaña 2026 me deja con la sensación de proceso continuo. Las alianzas educativas, los proyectos de regeneración territorial y el fortalecimiento de redes no son resultados cerrados, sino caminos abiertos.
La montaña nos llamó nuevamente a recordar que diseñar es participar conscientemente en la evolución de los sistemas vivos. Y quizás esa sea la esencia del diseño regenerativo eco-social: no diseñar objetos ni estructuras aisladas, sino cultivar condiciones para que la vida —en todas sus dimensiones— pueda expresarse.
Seguimos caminando.


